InicioAlimentaciónComer insectos: una alternativa sana, barata y ecológica

Comer insectos: una alternativa sana, barata y ecológica

Proporcionan proteínas de alta calidad en comparación con la carne y el pescado.

El consumo de proteína de insectos es accesible, saludable y sostenible. Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), la alimentación basada en insectos “podría ayudar a paliar el hambre si tenemos en cuenta que en 2030 habrá que alimentar a 9.000 millones de personas”. Este organismo refiere que la entomofagia se practica en distintos países de todo el mundo, sobre todo en zonas de Asia, África y América Latina y complementa la dieta de cerca de 2.000 millones de personas. Sin embargo, hasta hace poco no había captado la atención de los medios, las instituciones de investigación, los chefs o la industria alimentaria.

Factores tales como la presión demográfica, la urbanización y el crecimiento de la clase media en los países en vías de desarrollo han contribuido a una mayor demanda de comida, concretamente de las fuentes de proteína. Además, la producción tradicional de piensos animales, como las harinas de pescado o la soja, debe acrecentarse aún más en términos de eficiencia y amplificarse mediante el uso de fuentes alternativas. Igualmente, agentes externos como la contaminación del suelo y del agua están afectando a la producción de proteína animal.

Beneficios para la salud

La utilidad y rendimiento para la salubridad que comporta el consumo de insectos es muy grande. El principal beneficio es que permite la ingesta de proteínas y nutrientes de alta calidad, comparados con los que entrañan la carne y el pescado. También son especialmente importantes como complemento alimenticio para los niños desnutridos, porque la mayor parte de las especies más habituales contienen niveles elevados de ácidos grasos. Convirtiéndolos en un buen sustituto del pescado.

Por último, estos pequeños animales son ricos en fibra y diversos micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, selenio y zinc. Aunque parezca lo contrario por lo instaurado en nuestro imaginario colectivo, su ingesta plantea un riesgo reducido de transmisión de enfermedades zoonóticas (aquellas que pasan de los animales a los humanos), por lo que es totalmente seguro alimentarnos de ellos.

Fuente:  ElEconomista

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