InicioEnergíaLa seguridad marca el ritmo real de la industria del hidrógeno

La seguridad marca el ritmo real de la industria del hidrógeno

Normativas como ATEX o APQ-5, sumadas a metodologías de análisis de riesgo como HAZID, HAZOP y QRA, se han convertido en el filtro que decide qué proyectos de hidrógeno logran pasar de piloto a planta industrial.

El hidrógeno  figura en prácticamente todas las hojas de ruta europeas para descarbonizar la industria, pero su avance real depende de un factor menos visible que la inversión o el desarrollo tecnológico, la capacidad de cada planta para demostrar, con datos y metodología, que puede operar con el riesgo bajo control. El gas se comporta de forma particular ante una fuga que se difunde con rapidez, tiene un rango de inflamabilidad mucho más amplio que otros combustibles y arde con una llama casi invisible a plena luz, lo que obliga a tratar la seguridad como parte del diseño de la instalación desde el primer trazo, no como una revisión de última hora antes de la puesta en marcha.

ATEX, la primera barrera de diseño

Toda instalación que maneje hidrógeno tiene que pasar primero por la normativa ATEX hidrogeno, el marco europeo para equipos y espacios expuestos a atmósferas explosivas. En la práctica supone clasificar cada zona de la planta según su probabilidad de generar una mezcla explosiva, exigir equipos certificados para ese nivel de riesgo y localizar de antemano cualquier posible fuente de ignición. En los entornos de I+D+i, donde las condiciones de ensayo cambian con frecuencia, este análisis no es un trámite puntual: se revisa cada vez que varía el procedimiento experimental.

La distancia que hace falta

Cuántos metros deben separar un depósito de hidrógeno de una nave, una carretera o la instalación vecina no se decide a ojo: se calcula. Los equipos de ingeniería cruzan referencias normativas (NFPA 2, PGS 35, el español APQ-5) con modelos físicos que simulan cómo se dispersaría un chorro de gas, qué radiación generaría un incendio o qué sobrepresión provocaría una explosión en cada punto del entorno. De ahí salen los perímetros de seguridad que terminan condicionando todo el layout de la planta como la ubicación de cada equipo, las rutas de circulación de personal y la distancia mínima frente a instalaciones colindantes.

Encontrar el fallo antes de que ocurra: HAZID, HAZOP y QRA

Antes de que una planta entre en operación, el diseño pasa por una batería de análisis pensados para localizar el fallo sobre el papel, no en la realidad. El HAZID (identificación de peligros) se aplica en las fases más tempranas del proyecto, cuando todavía es barato cambiar el diseño.

El HAZOP entra después, examinando proceso a proceso y equipo a equipo en busca de desviaciones como una válvula que tarda en cerrar, una presión que se sale de rango y sus posibles consecuencias.

En los proyectos de mayor envergadura, ambos análisis cualitativos se completan con un QRA, un estudio cuantitativo que traduce tasas de fallo y modelos de consecuencias en cifras manejables. Esos números sirven para comparar alternativas de diseño con criterios objetivos y, sobre todo, para justificar ante las autoridades que la instalación cumple los niveles de seguridad exigidos que es un paso que en plantas de gran escala resulta imprescindible, dada la complejidad operativa del hidrógeno a presión.

El marco español: APQ-5

En España, el almacenamiento de gases inflamables, así como el almacenamiento de hidrógeno, está regulado por la Instrucción Técnica Complementaria APQ-5, dentro del Reglamento de Almacenamiento de Productos Químicos. La norma fija los requisitos mínimos que deben cumplir los sistemas de ventilación, detección y protección contra incendios de cada almacén, y se aplica de forma combinada con la normativa europea e internacional a la hora de cerrar el diseño final de la instalación.

Una condición de crecimiento, no un trámite

Ninguna de estas piezas (ATEX, distancias de seguridad, HAZID, HAZOP, QRA, APQ-5) funciona bien de forma aislada, su valor está en aplicarse de manera conjunta y desde las primeras fases de cada proyecto. Es una idea que empieza a calar entre los promotores del sector, conscientes de que un incidente de seguridad, más que cualquier obstáculo regulatorio, es lo que puede frenar la confianza inversora en el hidrógeno como vector energético.

En ese terreno se han especializado ingenierías como la vasca HyTEAM, que ofrece estudios de riesgo y diseños de seguridad como parte del acompañamiento técnico a promotores de proyectos de hidrógeno, desde plantas piloto hasta instalaciones industriales a gran escala.

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