Gestión activa vs. indexada, esto dicen los datos cuando el mercado se pone volátil
Los picos de volatilidad ya no son una anomalía en el calendario financiero. Entre las tensiones geopolíticas, los movimientos de tipos de interés y la reordenación de las cadenas de suministro globales, los mercados llevan meses moviéndose con una intensidad que obliga a revisar certezas que parecían asentadas. Y una de las preguntas que más se repite entre directivos industriales con capital excedente es sencilla en apariencia: ¿conviene más una gestión activa o quedarse en un índice?
La respuesta no es única, pero los datos de los últimos ciclos de corrección bursátil empiezan a dibujar patrones claros. Elegir bien entre las distintas estrategias de inversión disponibles marca una diferencia notable cuando el mercado deja de moverse en línea recta, algo que muchas empresas del sector industrial están descubriendo ahora que gestionan tesorerías cada vez más abultadas fuera del negocio principal.
Durante años, la narrativa dominante favoreció casi sin matices a la gestión pasiva. Replicar un índice como el S&P 500 o el Ibex 35 con comisiones mínimas parecía la opción racional frente a gestores que, de media, no lograban batir a su benchmark. Los estudios de Morningstar sobre persistencia de rentabilidad alimentaron esa idea durante más de una década.
Sin embargo, el comportamiento del mercado en fases de alta volatilidad cambia el cálculo. Cuando los índices caen sin distinguir entre compañías sólidas y compañías frágiles, los fondos de inversión con gestión activa que incorporan mecanismos de cobertura o criterios de calidad tienden a amortiguar mejor las caídas. No siempre ganan en los tramos alcistas, pero pierden menos en los bajistas, y esa asimetría es la que termina marcando la rentabilidad acumulada a cinco años.
Este matiz explica por qué cada vez más compañías industriales, muchas con sede fiscal o delegaciones en la capital, recurren a asesores financieros en Madrid para diseñar la parte del balance que no está directamente ligada a la actividad productiva. No se trata de sustituir la inversión en planta o maquinaria, sino de dar un destino más eficiente al capital que queda inmovilizado en cuentas corrientes mientras la empresa espera su siguiente ciclo de inversión.
Qué ha cambiado en los mercados para que hablemos de volatilidad otra vez
La volatilidad implícita, medida habitualmente a través del índice VIX, ha registrado en los últimos dos años varios repuntes que superan la media histórica. Tres factores explican buena parte de ese movimiento:
- Las decisiones de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo sobre tipos de interés, que condicionan el coste del capital en todos los sectores.
- La reorganización de cadenas de suministro tras años de tensiones logísticas, con impacto directo en márgenes industriales.
- La concentración del mercado bursátil en un número reducido de compañías tecnológicas, que amplifica las oscilaciones cuando cambia el sentimiento inversor.
Ninguno de estos factores es nuevo por separado. Lo que sí resulta distinto es la frecuencia con la que coinciden en el tiempo, generando correcciones más rápidas y más profundas que las de la década anterior.
Gestión activa y gestión indexada responden de forma distinta al mismo problema
Un fondo indexado no toma decisiones. Sube y baja con el índice que replica, sin margen para reducir exposición cuando el contexto se deteriora. Esa rigidez es precisamente su ventaja en mercados alcistas estables, porque elimina el riesgo de que un gestor se equivoque en el momento equivocado.
La gestión activa parte de una premisa opuesta. Un equipo gestor puede rotar la cartera hacia sectores defensivos, reducir la exposición a renta variable o activar coberturas específicas cuando detecta señales de estrés. El coste es una comisión más alta y el riesgo de que esas decisiones no acierten. El beneficio potencial es reducir el drawdown en los peores meses, que es exactamente cuando más duele perder patrimonio.
Qué muestran los datos cuando el mercado se mueve con fuerza
Los análisis comparativos publicados durante los últimos episodios de corrección apuntan en una dirección consistente:
- Los fondos con gestión activa y sesgo de calidad tienden a caer entre un 20% y un 40% menos que el índice de referencia en los meses de mayor estrés.
- Los fondos de inversión de crecimiento, muy expuestos a compañías con múltiplos elevados, sufren más en las primeras semanas de corrección pero suelen recuperar posiciones con fuerza cuando el mercado retoma la tendencia alcista.
- La indexación pura mantiene mejor la rentabilidad en periodos largos de estabilidad, pero amplifica la caída en los tramos de pánico vendedor porque no tiene margen de maniobra.
Ese tercer punto es el que más está pesando en las decisiones recientes de patrimonios industriales. Quien invierte a diez o quince años puede permitirse ignorar la volatilidad de corto plazo. Quien gestiona la tesorería de una empresa con necesidades de liquidez más cercanas necesita mecanismos que reduzcan el impacto de una caída del 30% en un trimestre.
Por qué la gestión activa gana peso en fases de alta volatilidad
No es una cuestión de moda, sino de matemática financiera. Recuperarse de una caída del 40% exige una subida posterior del 67% solo para volver al punto de partida. Cuanto más profunda es la caída, más difícil resulta compensarla, y ahí es donde los mecanismos de reducción de riesgo empiezan a justificar su coste.
Los argumentos que más pesan a favor de la gestión activa en este contexto son:
- Capacidad de reacción, al poder ajustar la exposición antes de que se confirme una tendencia bajista prolongada.
- Selección de calidad, priorizando compañías con balances sólidos que resisten mejor las subidas de tipos.
- Coberturas dinámicas, que amortiguan parte de la caída sin renunciar por completo al potencial de subida a medio plazo.
- Diversificación activa entre estilos, combinando exposición a crecimiento, calidad y ciclicidad según el momento del ciclo económico.
Lo que deben valorar las empresas industriales al colocar su excedente de capital
Para un director financiero de una compañía industrial, la decisión rara vez es binaria entre gestión activa o indexación total. Lo habitual es construir una combinación según el horizonte temporal de cada tramo de capital.
Algunos criterios prácticos que suelen aplicarse:
- Separar la liquidez operativa a corto plazo, que debe quedar en instrumentos de bajo riesgo, del capital realmente excedentario.
- Definir qué porcentaje del excedente puede asumir volatilidad a cambio de mayor rentabilidad esperada a cinco años.
- Revisar periódicamente si la exposición a renta variable sigue alineada con las necesidades de inversión productiva de la empresa.
- Contrastar el comportamiento histórico de un fondo en fases bajistas, no solo su rentabilidad en los años buenos.
Este último punto es el que más se pasa por alto. Un fondo puede presumir de rentabilidad acumulada a cinco años y haber sufrido una caída máxima muy superior a la de un competidor con resultados similares. Esa diferencia de comportamiento en los peores meses es la que debería pesar tanto como la rentabilidad final.
Preguntas que conviene resolver antes de decidir
¿Es mejor la gestión activa o la pasiva durante una corrección bursátil? Depende del horizonte temporal y de la tolerancia al riesgo de quien invierte. En periodos cortos de alta volatilidad, la gestión activa con mecanismos de cobertura suele amortiguar mejor las caídas; en horizontes largos, la indexación compensa esa diferencia con menores comisiones.
¿Cuándo tiene sentido un fondo indexado frente a uno gestionado activamente? Cuando el objetivo es maximizar rentabilidad a muy largo plazo, minimizando costes, y el inversor puede tolerar caídas temporales significativas sin necesidad de liquidez inmediata.
¿Qué papel juega la volatilidad en la rentabilidad final de una cartera? Determina en gran medida el resultado, porque las pérdidas grandes exigen recuperaciones desproporcionadamente mayores. Reducir el drawdown en los peores meses suele tener más impacto en el resultado a diez años que ganar unos puntos adicionales en los buenos.
Los mercados seguirán moviéndose con la misma intensidad en los próximos trimestres. Lo que diferenciará a los patrimonios industriales que atraviesen bien esos episodios no será acertar el momento exacto de entrada o salida, sino haber definido de antemano qué combinación de gestión activa e indexación encaja con su horizonte y su capacidad real de asumir pérdidas temporales.

